Yasser Abu Jamei, psiquiatra palestino: “El impacto psicológico de la tragedia en Gaza continuará no solo durante años, sino durante generaciones”

 La salud mental en zonas de guerra es una crisis silenciosa que afecta profundamente a las poblaciones civiles, especialmente a mujeres, niños y personas desplazadas. El trauma generado por la violencia, la pérdida y la incertidumbre puede dejar secuelas psicológicas que perduran durante décadas e incluso generaciones.

La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor del 22% de las personas que viven en zonas de conflicto sufren trastornos mentales como depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático (TEPT), trastorno bipolar o esquizofrenia. De este porcentaje, aproximadamente un 9% padece trastornos mentales graves 

En Gaza, por ejemplo, los niños presentan síntomas alarmantes como mutismo, incontinencia, pesadillas y retraimiento emocional. Según UNICEF, casi toda la infancia gazatí necesita apoyo psicológico urgente .

En Ucrania, desde el inicio del conflicto en 2022, organizaciones como Médicos Sin Fronteras han proporcionado más de 8,000 consultas de salud mental en siete regiones del país, abordando síntomas de ansiedad, depresión y estrés en la población afectada .

El impacto de la guerra en la salud mental no se limita al periodo del conflicto. Los efectos pueden transmitirse intergeneracionalmente, afectando el desarrollo cognitivo y emocional de los niños y perpetuando ciclos de violencia y trauma. Estudios han demostrado que las experiencias adversas en la infancia, como la exposición a la guerra, tienen una relación directa con problemas de salud mental en la adultez .

Es fundamental que las intervenciones en zonas de conflicto incluyan servicios de salud mental accesibles y culturalmente apropiados. Esto implica no solo la provisión de atención psicológica inmediata, sino también programas a largo plazo que aborden el trauma y promuevan la resiliencia en las comunidades afectadas.

Además, es crucial que la comunidad internacional reconozca la salud mental como una prioridad en la respuesta humanitaria y destine recursos adecuados para su atención. Sin un enfoque integral que incluya la salud mental, la recuperación de las poblaciones afectadas por la guerra será incompleta.

En conclusión, la salud mental en zonas de guerra es una emergencia humanitaria que requiere atención inmediata y sostenida. Abordar este desafío es esencial para la reconstrucción y el bienestar a largo plazo de las sociedades afectadas por el conflicto.

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